De la experiencia rural a la inclusión financieraLiderar con raíces, una conexión profunda
Criada en el campo, hoy al frente del Crédito Agrícola de Habilitación, Amanda León toma las riendas de una gestión que concibe al crédito como una herramienta de transformación social. En el mes de la mujer paraguaya, nos comparte cómo el CAH amplió la asistencia financiera al segmento femenino.
Consejo Directivo del Crédito Agrícola de Habilitación (CAH), como homenaje al mes de la Mujer Paraguaya, su trayectoria refleja la evolución de la asistencia crediticia y el lugar que el segmento femenino fue ganando, con trabajo silencioso, dentro del sistema financiero y productivo.
Con años dedicados al fortalecimiento del sector productivo, Amanda Beatriz León Alder define su llegada a la presidencia del CAH como un paso necesario y de justicia. "Histórica-mente, el agro fue visto como un espacio masculino, aunque las mujeres siempre estuvieron ahí, trabajando la tierra", expresó. Hoy, liderar una institución estratégica es también un mensaje claro: la capacidad no tiene género.
"Son años de caminar el campo y entender que el crédito es, ante todo, una herramienta de transformación social. Mi compromiso es que mi gestión abra puertas para que más mujeres ocupen espacios de decisión en el sector financiero y productivo", dijo.

Uno de los mayores desafíos, y también de sus principales orgullos, fue liderar el proceso de modernización del CAH y su giro estratégico hacia la inclusión financiera. El objetivo: llegar a más personas, especialmente a aquellas que el sistema tradicional suele dejar fuera. Convertir a la institución en un aliado cercano, capaz de llegar a los rincones más lejanos del país para ofrecer una oportunidad real, es su mayor satisfac-ción profesional.
"Mi conexión con este sector es vital y profunda. Yo me crié en el campo, conozco el sacrificio de la tierra desde mis raíces, y eso me da una perspectiva humana que va mucho más allá de los números", señaló.

En cuanto a los productos específicos para mujeres, recordó que la pandemia actuó como un catalizador para ampliar la asistencia hacia sectores urbanos y comerciales. Sin embargo, aclaró que la semilla de esta transformación se plantó mucho antes, con la Reforma de la Carta Orgánica en 2014, mediante a Ley Nº 5.361.

A partir de ese cambio legal, el CAH dejó de ser exclusivamente "agricola" para convertirse en un aliado de micro y pequeños emprendedores. Esa nueva base permitió diseñar productos financieros con perspectiva de género, entendiendo que la mujer es, muchas veces, el motor de la economía familiar.

Así nació Mujer Emprendedora, un producto emblemático destinado a quienes buscaban iniciar o fortalecer su propio negocio. "No se trató solo de dar crédito, sino de entender que muchas mujeres rurales y urbanas no tenían historial credi ticio ni garantías reales. Diseñamos plazos y tasas que antes eran impensables para este sector", explicó.

Durante la pandemia, esta estrategia no hizo más que acelerar-se. Frente al impacto en comercio y servicios, el CAH ya con-taba con las facultades legales para asistir a sectores que antes no atendía. La crisis fue, en realidad, la prueba de fuego de un modelo de inclusión que se venía construyendo desde 2014. Los resultados hablan por sí solos: hoy, más del 40 % de los préstamos del CAH están en manos de mujeres, con más de 16.000 emprendimientos liderados por ellas en todo el país. "No solo asistimos al campo; somos el brazo financiero de miles de mujeres emprendedoras", afirmó.

Para Amanda, la clave está también en la presencia territorial de la institución. Adaptar los requisitos a la realidad de las mujeres, muchas veces sin titularidad de la tierra, y generar mecanismos flexibles es fundamental para que el acceso al capital no se convierta en un obstáculo.

Las cifras refuerzan esa confianza. Al cierre de 2025, la mora masculina se ubicó en 1,8 %, mientras que la femenina fue aún menor, de 1,7 %. "La mujer cuida su crédito porque sabe que es la llave para el futuro de su familia", remarcó.

Respecto a las peticiones más demandadas, ellas piden tres aspectos concretos: agilidad en los procesos, asistencia técnica para mejorar la producción y canales de comercialización. No buscan solo capital, sino seguridad para vender a un precio justo.

Desde la presidencia del CAH, su aspiración es clara: que las mujeres alcancen plena autonomía económica y que ninguna idea quede truncada por falta de recursos. "Mi sueño es que el CAH sea el motor que convierta cada idea de negocio en una empresa sostenible que transforme su calidad de vida y la de su comunidad", afirmó.

Para definir a las mujeres del agro, Amanda recurre a una expresión profundamente paraguaya: kuña guapa. Mujeres valientes y multifacéticas, que se levantan antes que el sol para trabajar la tierra y, con la misma fuerza, sostienen a sus familias. "Son el verdadero pilar de la economía rural del Paraguay", concluyó.

Entrevista: Revista Foco

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